"Emma Espinoza fue la ganadora del Tercer Premio con su cuento “El fusilamiento”, escalofriante y conmovedor relato, pulcramente escrito, de una situación que se convirtió en cotidiana en la Cuba castrista. Por la inconmensurable carga emocional y dramatismo humano de su cuento, Espinosa se robó los aplausos del auditorio al ser leídos fragmentos de su obra, que retrata de cuerpo entero la tragedia cubana".
Ena Curnow
Diario Las Américas
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Una breve presentación
Emma Espinoza es una distinguida señora a la que he tratado por varios años en la Iglesia a la que ambos asistimos. Allí trabaja en la oficina parroquial, y hemos compartido en algunas labores evangelizadoras, ella como lectora y yo como diácono. En cierta oportunidad, sin ostentación, me dijo que había publicado algunos artículos, de contenido religioso / espiritual en el periódico diocesano de la Arquidiócesis de Miami, La Voz. Siempre pude ver que en ella todo rezumaba paz y felicidad; la veo como una hermana mayor a la que nos sentimos inclinados a confiarle nuestras cuitas: anhelos, esperanzas, tristezas.
Pero un día, con su cotidiana humildad, me pedió que leyera algunos de sus cuentos y sus poemas. Lo hice y quedé gratamente sorprendido. Nunca hubiera podido imaginar los vericuetos temáticos que ella se atrevía a tratar. Un día le sugerí que enviara una de sus narraciones as concurso de cuentos “Enrique Labrador Ruiz”, que cada año organiza el Círculo de Cultura Panamericano. Su cuento “La mesa vacía” recibió un segundo accésit, en el año 2006. Posteriormente su cuento, “El fusilamiento”, recibió el tercer premio en ele concurso del “Museo Cubano”, en el año 2007.
Desde hace mucho tiempo ella deseaba recoger en un pequeño libro algunos de sus cuentos y poemas. Para la Editorial Nosotros, que me honro en dirigir, es motivo de orgullo hacer realidad ese sueño.
En un breve artículo que le publicamos en la revista, de contenido espiritual, “Brujula”, de la que fuimos editor, con el título “Los logros de la tercera edad”, ella escribió que, haber llegado a los setenta años, la desligaba de las obligaciones cotidianas de una madre de familia, y le había permitido desarrollar su vocación de toda la vida: escribir. Y también recordaba que, contrario a la falsa idea de que al llegar a cierta edad, todo terminaba en la vida, del Papa Benedicto XVI, que ya cuenta con 83 años, la inspiro a escribir, competir en los concursos y ahora publicar.
Emma (en el medio) cuando le fue concedida su Accésit de Honor en el concurso internacional de cuentos “Enrique Labrador Ruiz”, del Círculo de Cultura Panamericano