Tengo una deuda impagable con el Reverendo Diácono Alberto Romero, que tanto me alentó a escribir de nuevo e hizo posible este pequeño libro.
Y con mi esposo, mi mejor crítico y ardiente fanático. Y con mis hijos e hijas, con cuya admiración, apoyo y cariño me siento más recompensada que con cualquier otro premio.
Emma (en el medio) cuando le fue concedida su Accésit de Honor en el concurso internacional de cuentos “Enrique Labrador Ruiz”, del Círculo de Cultura Panamericano